The voice of the planet

LaFoto cabecera 1

¡A Comerse el Fin del Mundo!

Este verano, en un supermercado de Kingman (Arizona, Estados Unidos) vi algo que desató mi imaginación: un kit de supervivencia con comida para dos semanas. En esta ficción me visualicé en un búnker, preparada para enfrentar cualquier apocalipsis con las delicias del kit. Tener comida a mano sería la respuesta a mi peor pesadilla postapocalíptica: con el kit de supervivencia, tan pulcro como un plan de escape bien elaborado, ya podrían venir los zombies o una invasión extraterrestre, que yo estaría preparada.

Autora:
Itziar Marcotegui

Imagina que estás en medio de un ataque zombie y de repente te das cuenta de que en la despensa no tienes nada más que una lata de fabada. Esa no es la forma en la que quieres enfrentarte al fin del mundo. Un kit de comida de supervivencia es como el seguro del apocalipsis: esperas no necesitarlo nunca, pero te alegra tenerlo cuando llega el momento.

El kit contenía una serie de paquetes que parecían haber sido cuidadosamente seleccionados por un chef postapocalíptico. Gachas, sopa de patata, chips de plátano… El kit garantizaba 140 raciones de comida, 1.877 calorías al día y 47 g de proteínas diarias. Con esto te asegura que, al menos desde el punto de vista calórico, podrías sobrevivir a cualquier cosa. Solo hace falta agregar agua, y voilà, estás listo para disfrutar de una experiencia culinaria en medio del caos. Con 6,51 kg de comida, el kit sugería que estaría bien alimentada incluso si el planeta estuviera colapsando a mi alrededor. Además, cuando se trata de enfrentar el fin del mundo, nada supera la elegancia de un buen plato de fetuccini Alfredo.

Por otra parte, la longevidad del kit rivaliza con la de las reliquias: dura hasta 25 años. Una inversión a largo plazo, suponiendo que tu búnker y tu paciencia duren tanto.

En el supermercado, este kit compartía estantería con otras opciones para menos días, solo desayunos o productos específicos, como fruta deshidratada o mantequilla liofilizada. Que no se diga que no hay dónde elegir.

Una vez terminó la película que me había montado y dejé las palomitas a un lado, me pregunté por qué alguien necesitaría un kit de comida de supervivencia para dos semanas en Kingman.

Se me pasó por la cabeza el negocio que hay detrás del miedo. Ese astuto empresario que te transmite la importancia de estar preparados para lo inesperado ante la fragilidad de la vida moderna. En un mundo donde la normalidad puede cambiar más rápido que un meme viral, tener un as en la manga, o en este caso, en la despensa, no parece una idea tan descabellada. Así, cuando la incertidumbre es la única certeza, este kit se presenta como la solución definitiva. Es un reflejo de la sociedad contemporánea, donde la paranoia se vende tan fácilmente como el último teléfono inteligente. ¿Quién necesita terapeutas cuando puedes comprar tranquilidad en forma de arroz con brócoli o sopa de pollo? Seguridad empaquetada y lista para llevar ¡por solo 83 dólares!

Entonces caí en la cuenta de que en Arizona el verano desata su temporada de monzones. Así, el kit de supervivencia cobra un nuevo significado cuando consideramos el telón de fondo de las impredecibles tormentas de verano. Este paquete sugiere que la supervivencia no solo es una fantasía apocalíptica, sino una necesidad real en medio de lluvias torrenciales, vientos desafiantes y posibles inundaciones repentinas.

En un lugar donde los monzones desatan su violencia y te pueden dejar encerrado en casa o sin luz, las autoridades aconsejan tener preparado un kit de emergencia para la familia, mascotas incluidas, con alimentos no perecederos y agua para al menos 72 horas. Ahora nuestro kit de supervivencia ya no parece una broma, pasa de ser una extravagancia a una necesidad ante la amenaza del monzón. Así que, en vez de burlarme del kit, pienso en lo agradable que será disfrutar de una comida de bote mientras el mundo se desmorona a mí alrededor bajo la furia de la tormenta.

LaFoto fotos 1

También pienso en si se venderá este tipo de kits en otros lugares donde también hay monzones o fenómenos meteorológicos tan intensos que pueden comprometer la supervivencia. ¿Se venderán en Filipinas, Bangladesh o Ghana? Y si lo hacen, ¿estarán a disposición de cualquiera, en las estanterías de los supermercados por un precio asequible? ¿O esto es una preocupación occidental?

Mientras tanto, en el supermercado de Kingman, el kit se vende al lado de las ofertas semanales. Si vivieras allí, ¿tú lo comprarías?

LaFoto firma 2

Autora:

Itziar Marcotegui
Lo que más disfruta es viajar, comer y cocinar para sus amigos. Desde 2013 organiza las Jornadas de los grandes viajes, un encuentro que anualmente reúne a centenares de amantes de los viajes. También trabaja como guía de viajes varios meses al año y como coach acompañando a personas en sus procesos de toma de decisiones. Ha publicado varios libros, el último ha sido El libro de los grandes viajes (Ed. GeoPlaneta, 2022).

IG: @itziarmarcotegui

MÁS ARTICULOS

Share This