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¿Estamos yendo hacia una malnutrición global?

Asegurar una alimentación saludable, segura, asequible y sostenible a toda la población mundial sin excepción, debería ser una prioridad. Pero ¿es esto posible?

Autora:
Marián Borja Prado

La ausencia del hambre supone que todas las personas de un país o región tengan acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos para satisfacer las necesidades energéticas diarias y poder llevar una vida saludable. En su objetivo número 2, la Agenda 2030 incluye entre otros puntos, “…erradicar el hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición para garantizar una vida sana, así como promover la agricultura sostenible…”.

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) los indicadores que calculan la subnutrición son tres: la cantidad media de alimentos disponibles por persona, el nivel de desigualdad en el acceso a dichos alimentos y el volumen mínimo de calorías que necesita una persona en promedio. Y estamos muy lejos de conseguir que estos parámetros se vean cumplidos en el 2030. Se prevé que casi 670 millones de personas (el 8 % de la población mundial) sigan pasando hambre para ese año.

La esperanza de vida promedio de una persona nacida en 1950 era de 46,5 años, este dato aumentó en 2019 a 73 y se estima que para 2049 aumente a 77, según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Si bien, las enfermedades transmisibles eran la principal causa de muerte hace medio siglo en todo el mundo, hoy lo son las no transmisibles, siendo la principal causa las enfermedades cardiovasculares (ECV), seguida del cáncer, enfermedades respiratorias crónicas y diabetes. Las dos primeras estrechamente ligadas a una alimentación inadecuada. ¿Suponen estos datos un avance? O, por el contrario, ¿estamos retrocediendo en lo que a nutrición se refiere?

Un total de 1 900 millones de personas adultas en el mundo tienen exceso de peso, 39 millones son niños y niñas, mientras que 462 millones de personas tienen insuficiencia ponderal, de los cuales un 11,25 % son menores de 5 años. La única diferencia para estar en uno o en otro grupo es el lugar de nacimiento, la paradoja es que los dos grupos están malnutridos, cada uno por unos factores diferentes. Unos morirán por no tener acceso a una alimentación equilibrada y suficiente, además de por patologías derivadas del consumo de alimentos inseguros y, los otros, aunque conseguirán vivir más años, lo harán con muy poca calidad de vida y por enfermedades relacionadas con déficits o excesos de micro y macronutrientes.

Figura 1. Número de países con alta prevalencia de múltiples formas de malnutrición, 2022. Fuente OMS.

La malnutrición en el mundo, por exceso o por defecto, es un problema de salud global al que se enfrenta la humanidad.

Analicemos por partes el problema; los países de ingresos altos tienen acceso a alimentos controlados y nadie cuestiona la seguridad alimentaria. Pero si observamos los datos de enfermedades de transmisión alimentaria (ETAs) a nivel global, nos encontramos con que 1 de cada 10 personas en todo el mundo enferma por ingerir alimentos contaminados. Según la FAO un total del 11,7 % de la población mundial afronta niveles graves de inseguridad alimentaria. Las cifras recogen que se producen 420 mil muertes, 125 mil en menores de 5 años, es decir la escalofriante cantidad de 342 niños y niñas pierden la vida diariamente por ETAs.

Figura 2: Evolución de la inseguridad alimentaria desde 2014 a 2021 en el mundo. Fuente FAO.

Por otro lado, en lo que respecta al acceso a una dieta saludable, en 2020, alrededor de 3 100 millones de personas no tuvieron acceso a ella, debido en gran parte a la inflación de precios de los alimentos por las repercusiones económicas de la pandemia de la COVID-19 y la guerra de Ucrania. Pero, en estos 3 últimos años no ha mejorado, sino que a esto se suman las migraciones, otras guerras, la problemática del cambio climático y el comercio internacional de alimentos, cuyo complejo engranaje aumenta el riesgo de contaminación y manipulación alimentaria.

Una inadecuada nutrición repercute en la salud. La falta de nutrientes esenciales altera el sistema inmunitario con lo que se está más expuesto a enfermedades infecciosas, además de afectar al desarrollo cognitivo en los más pequeños, así como dificultad en el aprendizaje y las habilidades motoras. El exceso está relacionado con factores inflamatorios, aumentando la probabilidad de padecer cáncer y siendo un factor determinante de las ECV. A su vez, en la infancia constituye un factor de riesgo de patologías como la diabetes tipo II, además de provocar un aumento de lesiones articulares, acentuación de desviaciones de la columna y problemas cardiacos, entre otras. Y en los dos casos aparecen trastornos de la salud mental, problemas en las relaciones sociales, etc.

Otro punto importante a tener en cuenta es el apoyo mundial al sector alimentario que es distinto en cada país, y diferente dependiendo de los grupos de alimentos. Según el informe del estado de la seguridad alimentaria de 2022, en los países de ingresos altos las ayudas gubernamentales van dirigidas a todos y cada uno de los grupos de alimentos, mientras que en los de ingresos medios y bajos no, siendo el grupo de las frutas, las hortalizas y las legumbres las que menos apoyos reciben. Esto dificulta que estos países tengan acceso a una alimentación más saludable y equilibrada, siendo el sector agrícola el más perjudicado. El compromiso de la OMS va dirigido a imponer impuestos a los alimentos poco saludables y promover subvenciones y ayudas a la producción de los más saludables, donde el consumo per cápita aún no alcance los niveles recomendados para una dieta nutricionalmente aceptable.

A pesar de todo ello, la desnutrición sigue siendo una de las principales amenazas para la supervivencia, la salud, el crecimiento y el desarrollo de las capacidades de millones de niños y niñas, así como para el progreso de sus países.

¿Es la malnutrición una pandemia?

Si hablamos ahora de los países en los que sí existe acceso a una alimentación variada y en los que se posee un control de la seguridad alimentaria, aparecen consecuencias de otro tipo, pero ligadas al mismo problema, la falta de nutrientes. Por un lado, el ritmo de vida acelerado y el estrés llevan al consumo de comida preparada y ultraprocesada. Por otro lado, los problemas de salud mental, que han aumentado considerablemente en estos últimos años, provocan diversos trastornos gastrointestinales y en la mayoría de los casos consumos elevados de alimentos ricos en grasas, azúcares añadidos y aditivos. A todo esto, cabe añadir las “modas nutricionales”, dietas keto, hiperproteicas, bajas en FODMAPs (azúcares, fibra y almidones), sin control médico ni nutricional, en las que se eliminan de la dieta nutrientes esenciales (como los hidratos de carbono), o recomiendan la ingestión en exceso de uno solo (como las proteínas), alterando los porcentajes de las cantidades diarias recomendadas y lo que eso conlleva.

Todo esto acaba provocando aquello para lo que en teoría fue recomendado, alterando el equilibrio de la microbiota intestinal y apareciendo disbiosis, SIBO, IFO, IMO (siglas en inglés de sobrecrecimiento bacteriano, fúngico y metanógeno del intestino delgado, respectivamente). Además de síndromes inflamatorios intestinales, colon irritable, intolerancias, alergias, etc. ocasionando la pérdida de funciones importantes, tanto a nivel inmunitario como en la absorción y síntesis de micro y macronutrientes.

Podemos elegir los alimentos y nos nutrimos peor.

Todo esto se está convirtiendo en un negocio, en una moda de laboratorios donde se “sobrediagnostican” estas patologías y luego se tratan con probióticos que aconseja el o la “influencer” en TikTok. Y que cuando se diagnostican, en ocasiones se pautan antibióticos que a su vez  vuelven a modificar la composición de esta microbiota. Un círculo vicioso que se podría frenar con campañas informativas a la población.

Si no ingerimos alimentos de origen animal por comer solo los de origen vegetal, además de no comer proteínas de alto valor biológico, también modificamos la composición de la microbiota, que se adapta a las nuevas restricciones, provocando de nuevo alteraciones. Se demonizan alimentos que han formado parte del menú diario durante muchas generaciones. No mejoramos, sustituimos sin tomarnos la molestia de preguntarnos si hay estudios que demuestren que estas restricciones mejoran en algo nuestra salud. Lo que empezó siendo “más saludable” se está convirtiendo en una fuente de ingresos importante, procesando estos alimentos y comiendo preparados veganos que saben a pollo. Y además algunos de ellos cargados de aditivos que, aunque permitidos, acabamos ingiriendo gran cantidad de ellos a lo largo del día.

Más modas, más cultivos. Más cultivos, más necesidad de producir todo el año. Más vegetales modificados genéticamente, mayor uso de plaguicidas y fertilizantes. Todo trae como consecuencia un mayor impacto ambiental. Políticas diferentes en los distintos países y poco control alimentario en la entrada de alimentos, más ingesta de vegetales y frutas poco seguras.

Solo nos separan 6 años de 2030, pero en vez de avanzar estamos retrocediendo en esfuerzos para acabar con el hambre, con la inseguridad alimentaria y la malnutrición, por lo que la distancia para alcanzar la meta es cada vez mayor. La desinformación es enorme y se necesitan medidas en todas las etapas del sistema alimentario, así como consensuar y difundir el mismo mensaje a nivel global.

“Hay que actuar hoy para evitar una catástrofe inminente”. David Beasley, director ejecutivo del PMA (Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas).

Opinion firma 2

Autora:

Marián Borja Prado
Licenciada en Farmacia. Experta en nutrición y dietética. Profesora amante de la enseñanza, tesorera de la ONG Farmamundi y amiga incondicional de la Fundación iO.

marianborjaio@gmail.com

Referencias:

  1. FAO, FIDA, OMS, PMA y UNICEF. 2022. Versión resumida de El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2022. Adaptación de las políticas alimentarias y agrícolas para hacer las dietas saludables más asequibles. Roma, FAO. https://doi.org/10.4060/cc0640es
  2. Hernández T., Rodríguez M., Giménez C., 2017, La malnutrición un problema de salud global y el derecho a una alimentación adecuada. https://ebuah.uah.es/dspace/bitstream/handle/10017/29180/malnutricion%20hernandez_RIECS_2016_v.%202%2c_n.%201.pdf?sequence=1&isAllowed=y
  3. Informe de las Naciones Unidas: las cifras del hambre en el mundo. https://www.who.int/es/news/item/06-07-2022-un-report–global-hunger-numbers-rose-to-as-many-as-828-million-in-2021
  4. Malnutrición. OMS 2021. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/malnutrition
  5. Gabriela Leite at al., 2023. Clinical Gastroenterology and Hepatology. June 12, 2023. https://www.cghjournal.org/article/S1542-3565(23)00452-4/fulltext
  6. World health statistics 2023: monitoring health for the SDGs, Sustainable Development Goals. ISBN 978-92-4-007432-3 (electronic version)https://www.who.int/data/gho/publications/world-health-statistics
  7. Fotografía fuente: Adobe Stock.

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